Vaciarme de tanto ajeno.
Vaciarme por completo, escurrir el alma dejando caer hasta la última gota de todo lo que no es mío.
Cortar con lo añejo, mecha a mecha, centímetro a centímetro, recordando que en cada partecita hay algo estático.
No alcanza, ¡hace falta más!!...
Entender que ese color ya no tiene vida y así, una, dos y hasta tres veces sacarle todo su pigmento.
Pincelar por completo con factores externos para así lograr quemar, destruir, matar, desaparecer.
Entender que ya no queda nada viejo.
Acunar esa muerte, alzar el duelo. Sentirlo, vivirlo, procesarlo, digerirlo y rearmarlo.
Llenar de a poquito con cuidado cada espacio, llenarlo de lo propio, de lo sentido, de lo mío. Llenarme por completo, nutrirme por completo.
Entender que es necesario dejar morir, para nacer verdaderamente.
-Mónica Devenuta
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