Encontrar en cada gesto, en cada mirada, una gota de amor.
Sostener la mirada, abrazar la piel y entregar el alma en ese instante.
Volar en ese mundo armado de a dos, si exigencias, sabiendo que somos humanos y son validas las angustias. Sin pretender sanar el alma del otro, comprender el dolor, el momento transcurrido acompañando con liviandad.
Abrazar con el alma, con las entrañas, con dulzura, con sentimiento, y así generar un vínculo único.
Un vínculo que deja las palabras fuera del juego y es auténtico a cada instante.
Un vínculo que respeta las historias y sus cicatrices.
Un vínculo que deja a los cuerpos unirse en una entrega única, danzando libremente sin juzgar cada movimiento.
Un vínculo que permite apartar al tiempo del tablero, logrando palpar el presente, sin exigir nada de un futuro.

No hay comentarios:
Publicar un comentario