
Un cierre, incertidumbre colmada de grises pensamientos. Sin colores posibles, salto al vacío, anhelando dibujar un paracaídas que amortigüe la caída. Entendiendo que hay momentos donde es necesario no transformar realidades, sabiendo que ese derrumbe es necesario, donde los desgarros más dolorosos se apoderan del cuerpo, la mente, la piel, los sentimientos, las emociones… el alma misma.
Sentir en carne viva… una piel expuesta a los calores más altos, a los fríos polares, abrigándola de sinsentidos, hasta el punto del hartazgo. Comprender con el paso del otoño, del verano, que es necesaria esa crudeza para revivir, o intentar equilibrar algo perdido.
Buscar, buscar y seguir buscando… sin entender muy bien qué… sin tener certezas de encontrar.
Confiar a ciegas en algo confuso que promete ser mejor que un desgarro constante. Creer en una suerte de intuición, donde el juego de lo real e irreal caminan de la mano en una línea muy fina, confundiendo constantemente, haciendo dudar de cada paso dado. Comprender que hay momentos donde no se debe exigir, solo valorar el movimiento, el despliegue.
Acunar al dolor y ser consiente de él, sin negarlo. Darle su espacio, sus necesidades, sus tiempos, sus noches, sus llantos. Dejarlo ser.
Confiar a ciegas en algo confuso que promete ser mejor que un desgarro constante. Creer en una suerte de intuición, donde el juego de lo real e irreal caminan de la mano en una línea muy fina, confundiendo constantemente, haciendo dudar de cada paso dado. Comprender que hay momentos donde no se debe exigir, solo valorar el movimiento, el despliegue.
Acunar al dolor y ser consiente de él, sin negarlo. Darle su espacio, sus necesidades, sus tiempos, sus noches, sus llantos. Dejarlo ser.
Crudeza pura, donde la vida sin caretas muestra su latir en cada bombeo de corazón, en cada sangrado del alma.
Agotar cada instancia de ahogo, cerrando el pecho y anudando la garganta con ilusiones perdidas.
Comprender después de muchos pasos las distancias necesarias...
Agotar cada instancia de ahogo, cerrando el pecho y anudando la garganta con ilusiones perdidas.
Comprender después de muchos pasos las distancias necesarias...
Una psiquis confusa perdida en algún mundo imaginario, luchando con monstruos portadores de armas cargadas de miedo. Paralizando todo disfrute, dejando un cuerpo latente sin gestos de vida.
Luchar internamente para no dejar morir las emociones, las sonrisas casi olvidadas. Luchar con el estómago, con la sangre, con los dientes, con los desequilibrios emocionales. Luchar cada minuto del día, cada segundo de la noche. Luchar con los sueños, con las pesadillas, con los recuerdos, con los proyectos, con los juegos de la mente siniestra. Luchar con cada monstruo que toma el lugar del antes vencido.
Luchar, luchar y luchar…. reconociendo que es necesario tocar fondo.
Pisar suelo firme en la parte más profunda del interior y entender que hay momentos para descansar.
Luchar internamente para no dejar morir las emociones, las sonrisas casi olvidadas. Luchar con el estómago, con la sangre, con los dientes, con los desequilibrios emocionales. Luchar cada minuto del día, cada segundo de la noche. Luchar con los sueños, con las pesadillas, con los recuerdos, con los proyectos, con los juegos de la mente siniestra. Luchar con cada monstruo que toma el lugar del antes vencido.
Luchar, luchar y luchar…. reconociendo que es necesario tocar fondo.
Pisar suelo firme en la parte más profunda del interior y entender que hay momentos para descansar.
Acariciar el cuerpo, las piernas cansadas de tanto caminar, la piel deshidratada, el alma quebrada. Recomponer cada parte, sabiendo que el tiempo no apura.
Avanzar sin prisa y sin pausa… descubriendo que de a poco el dolor se puede soltar.
Un día igual al otro, y al otro, y al otro, y al otro… Sin sorpresas, sin emociones, solo con calma. Encontrando la libertad en esa calma.
Esa libertad tan anhelada, con sabor agridulce e intenso.
Reconocer el sabor (señal de latido interno). Tomar conciencia, mirar alrededor y redescubrirse en el movimiento.
Correrse de espacios incómodos, abrir alas y dar lugar a aires nuevos. Rumbos inciertos, caminos sin marcar, confiando en la intuición salvaje, en el instinto de supervivencia.
Esa libertad tan anhelada, con sabor agridulce e intenso.
Reconocer el sabor (señal de latido interno). Tomar conciencia, mirar alrededor y redescubrirse en el movimiento.
Correrse de espacios incómodos, abrir alas y dar lugar a aires nuevos. Rumbos inciertos, caminos sin marcar, confiando en la intuición salvaje, en el instinto de supervivencia.
Tener la sola certeza de que todo lo vivido y lo venido ayuda a crecer.
No hay comentarios:
Publicar un comentario